akauzazte 04/5/1 Bera -zuzenekoa-

04/5/1 Bera. CD en directo, autoproducido, primavera de 05.
después de casi un año de su grabación en minidisc con dos micros, presentamos en CD el directo que tuvo lugar en Bera de Bidasoa, el 1 mayo de 2004.
la grabación no ha sido retocada exceptuando algunos cortes.

Técnico de sonido / responsable de la grabación; Ibai Gogortza. Fotos; Asier Gogortza.

nuestro agradecimiento al colectivo Ertz, así como a los amigos que nos vemos en los directos.

gisa + aitaren etxean, berriro, aintzina, basabereak, suharriak + bat, gimiendo brasas, yonki, y gorpuziega.

textos de: aitaren etxean Omar Nabarro. aintzina, basabereak Joxanton Artze.
gimiendo grasas es una versión de la canción de Después de Nunca.
al final de gorpuziega se escuchan grabaciones procedentes de Nepal.

 

éste es el primer trabajo que publicamos expresamente bajo licencia de Creative Commons; permitimos copiar, distribuir, etc. este material, siempre que esté clara la procedencia y no haya razón lucrativa. licencia CC

 

"04/5/1" fotos
 


La hoja promocional ha sido escrita por nuestros amigos de Valencia Óscar y Raquel:

AKAUZAZTE: MÚSICA PARA EL FIN DE LOS TIEMPOS
Corren tiempos de confusión: conflictos, injusticia, miseria, supremacía del dinero por encima de todas las cosas, cambio climático, contaminación, aniquilación de la madre naturaleza, nuestros sentidos atrofiados con demasiada información e imágenes. En nuestro campo de concentración no hay vallas electrificadas ni torres de vigilancia, pero somos prisioneros aunque no queramos (algo de lo que ya nos advirtieron Orwell, Ballard y Burroughs). Asistimos estupefactos al espectáculo del nuevo milenio, un milenio en el que nos dijeron que volaríamos en naves espaciales y que terminaríamos con el hambre en el mundo y en el que al final parece que lo ēnico que veremos será la lenta y dolorosa desaparición del género humano.
En medio de este pandemonium nos encontramos con un grupo de artesanos llamado Akauzazte. Un grupo que lleva más de diez años forjando su propio e inconfundible estilo. Un estilo al margen de cualquier consideración comercial, modas o movimientos musicales. Un estilo en el que conviven modernidad y primitivismo. Un estilo que no tiene posible comparación con nada de lo que se ha hecho en los últimos años en Euskadi o en el resto de la península. Acostumbrados a vagar por caminos poco transitados, nómadas que siguen su particular travesía por el desierto, Akauzazte son obreros que han creado su propio concepto de la música: fieles siempre a su manera de sentir y ver las cosas, sin miedo a caer en la marginalidad, el ostracismo o la incomprensión de críticos y público.
La música de Akauzazte está tallada en piedra y envuelta en un manto rugoso y áspero. Tiene unos perfiles astillados, cortantes, irregulares. Huele a neumático ardiendo y a plástico quemado. La música de Akauzazte requiere un proceso de escucha activo por parte del receptor: las composiciones imponen sus propias reglas, no son agradables ni fáciles de escuchar, hay que esforzarse para llegar hasta su epicentro. La música de Akauzazte es como el rumor de la madrugada en las ciudades industriales; como el silencio de las gigantescas fachadas de vidrio, hormigón y metal de los rascacielos; como un río de lava que desciende por la ladera y arrasa (lenta pero inexorablemente) todo lo que encuentra; como esos miedos que anidan en nuestro subconsciente colectivo y que afloran en las pesadillas; como todo ese odio, rabia y pasión que albergamos en nuestros pequeños corazones.
En éste nuevo cd, Akauzazte abandonan su hábitat natural (el Matadero de Azkoitia, lugar donde habitualmente perpetran sus aquelarres sonoros) para presentarse encima de un escenario con su formación actual de trío: una propuesta más desnuda, descarnada, salvaje y visceral (si es que eso es posible) de temas ya conocidos por su fiel público. El cd nos permite sumergirnos de lleno en el abismo del sonido Akauzazte y experimentar el vértigo que se siente al estar en medio de semejante seísmo emocional.
A lo largo de estos 57 minutos, Akauzazte suenan compactos, densos, contundentes y compenetrados. Despliegan ante nuestros ojos un inmenso abanico de posibilidades, cubriendo diversos registros y ofreciendo numerosos matices en su sonido. A pesar de ser solo tres personas sobre el escenario, son capaces de hacer tanto ruido como si fuesen veinte y de demostrar (como ya hicieran en su tiempo Faust, This Heat o 713avo Amor) que la falta de recursos materiales y de medios tecnológicos se puede superar con imaginación, entusiasmo, ilusión y ganas. Y eso, en los tiempos que corren, es muy de agradecer.
El mantra eléctrico de Gisa sirve como iniciación a éste descenso al infierno. Durante los primeros minutos, las diferentes capas de sonido, reverberantes como si viniesen desde el fondo de una cueva, nos van envolviendo hasta no dejar ni una sola grieta por la que respirar. Lo que parecía una invitación al trance se convierte, sin previo aviso, en una incendiaria y violentísima interpretación de Aitaren etxean, donde se nos somete a un inhumano apaleamiento sonoro que nada tiene que envidiar a los antiguos Swans, Big Black o Godflesh. En Berriro, la percusión crea el esqueleto sobre el cual se sostiene una atmósfera anestesiada, tensa e inquietante. La interpretación vocal es aquí una de las mejores del repertorio de Akauzazte: no hablamos de 'cantar bien' sino de intensidad, pasión, sinceridad y convicción. Aintzina, basabereak nos muestra una de las mejores bazas del sonido Akauzazte: la alternancia entre silencio y ruido, entre calma y tormenta. La primera parte del tema es como un océano en calma, las olas acariciando suavemente la costa. Pero ya se sabe que bajo esa tranquila superficie se esconden monstruos: la segunda parte se metamorfosea en una furiosa explosión de ruido y caos, en un clímax sostenido en el que guitarra, bajo y batería son golpeados y estrangulados hasta que gritan de rabia y dolor mientras la audiencia es bañada en oleadas de feedback y distorsión. Los primitivos y frenéticos ritmos tribales dominan en Suharriak, cuyos gritos guturales y obsesivas repeticiones crean un efecto hipnótico. En pleno ojo del huracán aparece Bat, un tema duro y rocoso, de ritmo convulso, en el que los instrumentos son utilizados de forma percusiva. A continuación viene una bellísima, apasionada y electrizante versión de Gimiendo brasas. La parte central del tema, frágil y delicada, está rodeada por dos impenetrables murallas sónicas de altísimo voltaje emocional. Yonki, uno de los temas más directos y brutales del grupo (tanto en la música como en la letra) es interpretado sin piedad: el carácter repetitivo, físico y asfixiante de la canción va directo a la yugular. Finalmente, y en pleno derroche de facultades, Gorpuziega cierra el álbum. Aquí Akauzazte demuestran que saben hacer música electrónica inteligente (léase Main, Zoviet France o Kluster), sin caer en la indulgencia ni en estériles devaneos pseudo-experimentales. Una abrasiva, herrumbrosa y oxidada atmósfera deja paso, al final del tema, a unas vastas panorámicas de origen oriental (sonidos del Nepal) que se presentan como posible válvula de escape a la decadente cultura occidental y vuelven a imponer la disciplina de la meditación y el trance. Llega el silencio y es preciso pellizcarse la piel para darse cuenta de que lo que acabamos de escuchar no ha sido un sueño sino que es realidad: una realidad viva y cercana a nosotros en el tiempo y el espacio: Akauzazte.
Akauzazte: terroristas sonoros. Akauzazte: alquimistas del ruido. Akauzazte: oasis para tristes y cansadas almas. Akauzazte: como un Prometeo post-nuclear que, en el fin de los tiempos, rompiese sus cadenas para enfrentarse, una vez más, a los dioses.